En Horizon Europe, una buena idea científica deja de ser suficiente cuando llega el momento de redactar una propuesta. Los proyectos mejor valorados son aquellos capaces de demostrar que sus resultados podrán utilizarse más allá del consorcio que los desarrolla y contribuirán a los objetivos estratégicos definidos por la Unión Europea. Esa es, precisamente, la función de la sección de Impacto, uno de los tres criterios de evaluación junto con la excelencia científica y la calidad de la implementación.
La CE ha introducido cambios relevantes en la plantilla estándar de propuestas que acompañará a los programas de trabajo 2026-2027. El propósito es simplificar la documentación y centrar la evaluación en un aspecto que durante años quedó diluido entre descripciones excesivamente largas y enumeraciones poco útiles: la credibilidad del camino que seguirá un resultado de investigación hasta convertirse en un beneficio tangible para sus usuarios.
La reducción del número de páginas disponibles y la reorganización de esta sección no rebajan el nivel de exigencia. Al contrario, obligan a construir un relato más preciso, donde cada afirmación tenga una función concreta y cada impacto previsto pueda explicarse mediante una secuencia lógica.
El impacto comienza mucho antes de escribir la propuesta
Uno de los errores más frecuentes consiste en redactar la sección de Impacto cuando el resto de la memoria ya está terminada. En la práctica, esa decisión suele traducirse en un texto desconectado de los objetivos científicos y lleno de afirmaciones genéricas sobre innovación, sostenibilidad o crecimiento económico.
Cada convocatoria se integra en una Destination del Programa de Trabajo y cada una de ellas identifica unos expected impacts que responden a prioridades estratégicas de la UE, desde la transición ecológica hasta la digitalización, la resiliencia sanitaria o la competitividad industrial.
El evaluador espera comprobar que existe una relación directa entre esos impactos previstos por la convocatoria y los resultados que propone desarrollar el proyecto. Si esa conexión no aparece de forma explícita, la propuesta pierde consistencia desde el inicio.
Conviene recordar que ningún proyecto está llamado a responder a todos los impactos descritos en una Destination. Las propuestas más sólidas suelen seleccionar aquellos objetivos a los que realmente pueden contribuir y explican con claridad cuál será esa aportación.
La diferencia parece menor, pero cambia completamente la forma de redactar. En lugar de afirmar que un proyecto favorecerá la sostenibilidad o impulsará la innovación europea, resulta mucho más convincente demostrar qué resultado concreto permitirá avanzar hacia uno de los impactos definidos por el Programa de Trabajo.
El evaluador busca una historia lógica, no una colección de impactos
La CE mantiene el concepto de pathway to impact como eje de esta sección, aunque la nueva estructura elimina parte de la complejidad que caracterizaba convocatorias anteriores.
Ese camino hacia el impacto describe cómo los resultados obtenidos durante el proyecto pueden transformarse, con el tiempo, en cambios reales para empresas, administraciones públicas, profesionales o ciudadanía.
La secuencia resulta sencilla cuando se entiende correctamente. El proyecto genera resultados tangibles —como un algoritmo, una metodología, un prototipo o una herramienta digital—. Posteriormente, determinados grupos comienzan a utilizarlos o incorporarlos a su actividad. Esa adopción produce efectos que, con el paso del tiempo, contribuyen a los impactos previstos por la convocatoria.
En ocasiones aparecen impactos muy ambiciosos que no guardan relación con los resultados descritos. Otras veces sucede lo contrario: la memoria explica con detalle el desarrollo tecnológico, pero nunca aclara quién utilizará ese conocimiento una vez terminado el proyecto.
El evaluador necesita encontrar un hilo conductor continuo. Cada resultado debe conducir de forma natural a un usuario identificado y ese uso debe explicar, con argumentos creíbles, cómo se alcanzarán los efectos previstos a medio y largo plazo.
Menos actividades, pero mejor justificadas
La simplificación introducida para 2026 también modifica la manera de presentar las actividades de difusión, explotación y comunicación.
Durante años fue habitual encontrar propuestas que acumulaban largas listas de publicaciones científicas, congresos, páginas web, redes sociales, jornadas abiertas o acciones de divulgación prácticamente idénticas entre sí. En muchos casos respondían más a la necesidad de completar apartados de la memoria que a una estrategia real para favorecer la adopción de los resultados.
La evaluación presta ahora mayor atención a la pertinencia de las medidas elegidas. Cada acción debe responder a una pregunta concreta: qué resultado pretende impulsar, a qué público se dirige y por qué ese canal resulta el más adecuado.
La diferencia es importante.
Una publicación científica adquiere sentido cuando permite que una comunidad investigadora incorpore una metodología desarrollada por el proyecto. Una jornada técnica resulta convincente si está orientada a administraciones que pueden adoptar una herramienta concreta. Una estrategia de explotación gana credibilidad cuando identifica claramente el recorrido previsto para una tecnología, una licencia o un estándar.
La credibilidad también se evalúa
El apartado dedicado a maximizar el impacto no solo describe qué hará el consorcio, sino también por qué resulta razonable pensar que esas acciones podrán ejecutarse con éxito.
Por ese motivo, las propuestas más competitivas aprovechan la experiencia previa de los socios para reforzar sus argumentos.
Una universidad con una oficina consolidada de transferencia tecnológica, un hospital acostumbrado a validar soluciones clínicas o una empresa con experiencia en normalización internacional disponen de capacidades que aportan solidez a la estrategia de explotación o difusión.
Lo mismo ocurre con la trayectoria del propio consorcio. Haber participado anteriormente en proyectos europeos, colaborar de forma habitual con determinados sectores industriales o mantener redes internacionales activas contribuye a demostrar que las medidas propuestas no son una simple declaración de intenciones.
Escribir menos obliga a seleccionar mejor
La nueva plantilla reduce el espacio disponible para desarrollar la sección de Impacto y elimina algunos apartados que anteriormente generaban repeticiones.
Desaparece la obligación de presentar por separado impactos científicos, económicos y sociales, así como la discusión específica sobre la magnitud y relevancia de esos efectos. También pasa a ser opcional la tabla resumen que acompañaba tradicionalmente esta parte de la propuesta.
Cada párrafo debe aportar información nueva y mantener una conexión clara con el resto de la memoria. Las repeticiones, las enumeraciones de impactos o las descripciones genéricas ocupan un espacio que ahora resulta especialmente valioso.
La estrategia más eficaz consiste en definir antes de comenzar la redacción cuáles serán los resultados principales del proyecto, identificar quién los utilizará y establecer qué efectos pueden producir de forma realista una vez finalizada la financiación europea. Sobre esa estructura resulta mucho más sencillo construir un relato coherente y adaptado a las expectativas del evaluador.
La sección de Impacto continúa siendo uno de los apartados donde más propuestas pierden competitividad. Sin embargo, los cambios introducidos para 2026 también ofrecen una oportunidad. Al reducir la complejidad formal, el foco vuelve a situarse donde siempre ha querido la CE: demostrar, con argumentos sólidos y una lógica convincente, que los resultados del proyecto tienen posibilidades reales de llegar a quienes pueden convertirlos en valor científico, económico o social. Si quiere que te ayudemos en el apartado de Impacto de tu próxima propuesta, contacta con nosotros.
